Palabra de la Semana

VALOR E IMPORTANCIA DEL VACÍO

Después de considerar el rompimiento de las vasijas de barro por parte de los 300 guerreros que acompañaban a Gedeón, me parece importante que todos sepan apreciar la importancia del vacío, de donde no hay nada. Si las vasijas no fueran huecas sino pedazos macizos y compactos de barro cocido, no serían vasijas sino ladrillos. No podrían contener nada y no tendrían ningún valor como tales. El barro envuelve una porción de vacío, convirtiéndolo así en un hueco portátil, en un recipiente que sirve para ser llenado. De la misma manera, cuando se construye una casa, lo que la hace más valiosa (y útil) son precisamente los espacios vacíos. Salones, y habitaciones amplios y con ventanales son solamente huecos que tienen otros huecos adicionales (puertas y ventanas) para darle funcionalidad. Entre más espacios vacíos tenga una casa, es más valiosa. No es la cantidad de ladrillos y cemento empleados lo que la valoriza. Imaginémonos todos los materiales de una casa convertidos en un gigantesco cubo compacto en donde no existieran espacios ni vacíos. El valor de la casa sería ninguno por cuanto su utilidad también sería ninguna.

Cuando se moldeó la vasija de barro, se hizo alrededor de una porción de espacio vacío. De toda la universalidad del espacio se tomó una pequeña parte. El barro recubre una porción finita de lo infinito. Como nuestro cuerpo físico que envuelve y contiene nuestra eternidad espiritual. Cuando se rompe la vasija, el espacio que estaba encerrado por el barro vuelve a unirse con el Gran Espacio Infinito. De la misma manera, si este nuestro cuerpo mortal fuese destruido, nuestro espíritu será liberado de las paredes que lo contenían y se podrá unir libremente con el Gran Espíritu de Dios, la fuente de donde fue tomado.

Con el ánimo de no parecer demasiado metafísico, aportaré una reflexión práctica: Nuestra riqueza y valor espirituales no radican en la acumulación de cosas sino en su correcta distribución. Hay cosas que están en nuestra memoria pero que debemos olvidar, así como hay cosas que están en nuestro corazón pero debemos sacar de allí. Seremos más valiosos despojándonos de todo peso que nos estorba. Antela posibilidad de un naufragio debemos estar dispuestos así: “…y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave.” (Hch.27:19)

Alfredo Peña

La Palabra de Hoy