Reseña Histórica

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Esta preciosa obra de la restauración de todas las cosas, que fue anunciada por los profetas desde tiempo antiguo, la inicia el mismo Señor Jesucristo en 1978 en Bogotá (Colombia), revelándose a mi vida dos años antes (1976), período durante el cual me preparó y equipó para traer el cumplimiento de Su propósito en este tiempo.
Por guianza de Su Santo Espíritu, realicé la primera reunión el 24 de septiembre de 1978 con otros 6 hermanos, echando así el cimiento de Su Templo Espiritual (Hg. 2:18), e iniciando este movimiento de “Punta de Lanza” que alcanzará hasta lo último de la tierra.
Algunos consideraron orgullo o soberbia el que no nos mezcláramos con el sistema religioso denominacional, pero nadie sabía que era una instrucción precisa del Señor para así poder desarrollar una Obra pura y virginal sin mezcla ni contaminación (Lv.18:3).

En el cristianismo protestante terminaría cumpliéndose el proverbio que menciona el profeta Ezequiel: “De tal madre, tal hija” (Ez. 16:44-49), y así tanto las viejas estructuras eclesiales llenas de tradiciones carnales, como las nuevas mega-iglesias llenas de innovaciones no escriturales, unas y otras terminaron enseñoreadas por mercaderes nicolaítas que cambiaron el temor de Dios por mandamientos de hombres (Is. 29:13). Su logro consistió en congregar cautiva una feligresía ora ensoberbecida por el espíritu laodicense, ora asustada por el temor al infierno, pero enseñada en señalar, juzgar y condenar todo aquello que no encuadrara dentro de sus limitados parámetros, mientras se les seduce con la expectativa de un arrebatamiento a la felicidad eterna, o con las mieles de la prosperidad material fácil.
A partir del 24 de Marzo de 1994, la Nueva Iglesia se levanta en un nuevo comienzo, en una nueva creación que dejó atrás la levadura y la malicia de la vieja iglesia. En el “Cades Barnea” de la incredulidad, quedan las disquisiciones teológicas que buscando el purismo de la “sana doctrina” terminaron dejando afuera la justicia, la misericordia y la fe, lo cual equivalió a dejar el amor por el Señor y por el prójimo, profundizando un funesto espectáculo de división.
La Nueva Iglesia no está terminada; está en proceso de ser construida con todas esas piedras vivas elegidas por Dios, que aunque hoy se hallen en la dispersión, su hastío por las mixturas de la confusión babilónica está llegando al colmo. El sonido de la trompeta de plata alcanzará a todos los príncipes del verdadero Israel de Dios, donde quiera que estén, quienes serán también edificadores junto con todos los que ya iniciaron el trabajo para el cumplimiento de esta Misión que es internacional.

Sin sectarismos ni dogmatismo; sin mesianismo prefabricado y lejos de toda pretensión, este Proyecto “Nueva Iglesia” ya está trayendo las pautas de pensamiento que regirán en todas las naciones durante los próximos mil años.